dissabte, 29 de setembre de 2012

La que me alegra la mañana.

Al salir de casa cada fresca mañana, puedo contemplarla en uno de los jardines del vecindario. No sé qué nombre tiene, sólo sé que ella no me pide nada a cambio de regalarme su silueta erguida. Entre sus verdes y radiantes hojas cubiertas de brillante escarcha, guarda una a una mis miradas, orgullosa de tenerme enamorada. Enamorada por sus flores cuando el sol alumbra sus alas. Enamorada de su cuerpo del color de todas sus hermanas y de su pelo cubierto de pequeñas flores divertidas. Nadie lo sabe, pero ella observa sin tener ojos, besa sin tener labios, habla sin tener boca y toca sin tener dedos, ni brazos. Preciosa, bella, espectacular fiesta de colores. Crece poco apoco ansiando atravesar las nubes y ser la más poderosa de su raza. Deja la firma en el aire con mariposas coloridas y perfumes de lavanda. ¡Qué ser tan bonito, me sonríe cada mañana!
Hoy he despertado y no estaba en su jardín. ¿Dónde se ha marchado? ¿Por qué me ha dejado sin que se lo pida? El odio corre por mi sangre, ¿se va sin tener alas? Estoy enfadada. Maldita, simple y aburrida planta. Ya no me hace falta verla ni sentir su olor. No necesito conocer su nombre, su nombre no me dice nada. Solo sé que se ha ido y no me ha alegrado la mañana.
                                                                                        Mónica Gómez

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